domingo, 20 de agosto de 2017

Cartas a un príncipe: arquitectura de la II Restauración Española

Emilio Romero: artífice de la arquitectura
institucional de la II Restauración
Emilio Romero escribió Cartas a un príncipe en 1964. Ese año la dictadura franquista cumplía 25 años y decidió celebrar su acceso al poder por todo lo alto con una gigantesca campaña de publicidad denominada XXV años de paz. Si bien el presente era brillante y nadie parecía pensar en el futuro Emilio Romero escribió un libro pensando en el futuro de España bajo el título Cartas a un príncipe. ¿Por qué ese título si Franco parecía eterno? Porque en 1947 el dictador elaboró una Ley de Sucesión ratificada en un plebiscito posterior en la que dispuso todo lo necesario para la eventualidad de su sucesión. Cuando lo considerase oportuno nombraría un sucesor que sería un miembro de la realeza con lo cuál España volvería a ser una monarquía. En 1964 Franco aún no había designado a su sucesor y pese a la existencia de otros dos candidatos (Alfonso de Borbón y Carlos Hugo de Borbón Parma) Juan Carlos de Borbón y Borbón, nieto de Alfonso XIII último rey de España parecía contar con una posición privilegiada puesto que el dictador había acordado con su padre, Juan de Borbón, su regreso a España para realizar su formación cívica y militar habiéndosele asignado una residencia oficial, el Palacio de la Zarzuela, tras su matrimonio con Sofía de Grecia en 1962. Por tanto Franco aún no había decidido en quién iba a restaurar la monarquía en España pero Juan Carlos de Borbón tenía un trato y una legitimidad de la que carecían sus dos rivales.

Quedaba claro que España volvería a ser una monarquía pero no quién iba a ser el Rey. Por eso Emilio Romero no personaliza en ningún momento al monarca refiriéndose a él de manera abstracta e impersonal pero indirectamente es a Juan Carlos de Borbón a quién se dirige puesto que era el favorito. Emilio Romero inicia el libro citando el nombre de personajes proscritos por el régimen como Juan Goytisolo o Rafael Alberti para acto seguido señalar la caducidad de la dictadura en forma de alabanza a Franco por su carácter irrepetible. Por tanto una vez hubiese desaparecido Franco, Romero considera que España le correspondería convertirse en una democracia y que el futuro Rey debía construir esa democracia. Dicha democracia adoptaría la forma de una monarquía parlamentaria y debería ser completamente inédita en base tanto a la tradición histórica española como al contexto mundial. Confesándose republicano Romero apuesta por la monarquía parlamentaria como forma de gobierno ideal para España, en base a los fracasos de las distintas experiencias republicanas definiendo dicha monarquía parlamentaria en base a dos ejes: integración y republicanización. El autor considera que para que la nueva monarquía triunfe permitiendo el arraigo y la estabilidad de la experiencia democrática es absolutamente necesaria la integración de la izquierda en su seno e incluso su republicanización, puesto que cree que en función de la praxis política una monarquía puede republicanizarse si es integradora mientras que una república puede monarquizarse si su vértice posee una gran acumulación de poderes pese a su carácter electo. Si bien recuerda al futuro soberano que carecerá de la autoridad que tuvo Franco cuando le toque ejercer como Rey, sin embargo considera que carecerá de muchos de los problemas que el primero tuvo en 1939 dado el contexto europeo de solución de los mismos. Y ofrece unos datos determinantes en forma de cifras sobre los requisitos necesarios para aseverar el éxito democrático de España:

1) Distribución de renta homogénea englobando al 70% de la población
2) Acceso a la propiedad de la tierra para el 70% de los campesinos
3) Superficie media de la propiedad de la tierra situada entre las 10 y las 50 hectáreas

Personalmente no estoy en disposición de comprobar si esos requisitos se han cumplido o no pero de lo que si estoy seguro es de la relevancia de Cartas a un príncipe y de la necesidad de incluir esta obra en esta antología del pensamiento español, porque Emilio Romero diseñó en ella la arquitectura no sólo de la monarquía española sino incluso de una democracia que lleva 40 años vigente.